Delitos Carnales (2ª Parte)

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 “Sostuve mis extravíos con razonamientos, supe destruir en mi

corazón todo lo que podía estorbar a mis placeres.”

Márquez de Sade (1740-1814) Filósofo y escritor francés.

 

 

Pasivo agresivo


 

 

 

Pasivo agresivoDarle al cuerpo lo que pida forma parte de la insaciable felicidad que el ser humano requiere para hacer llevadera su vida, y es esta misma vida la cual de manera casi balanceada ha dispuesto de pasivos y activos para beneplácito de cada cual.


La comunidad gay en sus adentros se podría decir que viene predispuesta para ser receptores de casi todo lo sexual, aun así existen hombres homosexuales que en su minoría son activos al 100%. Si hablamos del terreno heterosexual donde las mujeres son las receptoras, algunas de ellas no están interesadas en el sexo anal, dicho de otro modo no es cuestión de sexos receptores el hecho de que estas prácticas se realicen o no, más bien la asociación al dolor que esta práctica produce es la causante de un ¡No! rotundo; pero si esto lo llevamos al terreno mental o sea el de la fantasía ¿será posible que lo replantemos y pasemos del dolor al placer en cuestión de minutos?.


El siquiatra Sigmund Freud revelo en estudios arcaicos que algunas de las mujeres padecían de cierta histeria al sentirse insatisfechas sexualmente, esa necesidad de cubrir ese algo con un cuerpo externo fue la solución y el surgimiento de los falos en el terreno siquiátrico como método de “tratamiento” lo cual no solo puso de manifiesto que muchas de nuestras “rabias” tuvieran curas y que además estas se originaban desde lo sexual, si no que se necesitaba de “ese algo” para que así fuera, pero ¿acaso “necesidad” será la palabra más adecuada para aquel hombre heterosexual que por su mente curiosa cruza la palabra “penetración”?, ¿porqué existen hombres que gustan de ser penetrados y otros que en definitiva dicen no? .


Las cavidades ano-rectales se encuentran entre las más sensitivas, entre los hombres estas van ligadas a la próstata lo cual hace a esa zona más sensible aun, si en términos fisiológicos esa zona considerada para el desecho puede pasar por traumas de lesiones o estreñimientos dolorosos, ni que decir de las hemorroides, con todo ello ¿quién tiene ganas de sufrir?.


Pero la sodomía va ligada justamente a la sumisión y a el poder, quien tiene el poder es el que manda, cuando penetras ese poder se ejerce con la mayor rabia posible, el que penetra se vuelve en su mayoría agresivo, el pasivo espera de el otro su máximo poder, y en conclusión llegar a… el ¡orgasmo!, ambos tanto pasivo como activo han obtenido de cada cual lo que esperaban, pero si por alguna extraña razón alguno o los dos no surge efecto en lo buscado ¿qué sucede? Los límites de la mente, quien los conoce mejor si no el parpadeo de quien los origina, ahí todo se vuelve intolerable, imposible, es aquí cuando un pasivo se vuelve agresivo, necesita de ser penetrado, de sentirse usado, de sentir dolor. Cuando el cuerpo pide, el amor estorba.


¿Quién no ha sentido el vacío? Y su necesidad de llenarlo. ¿Quién sobre su columna no han caminado las ganas? Y saciarlas. ¿Quién sobre de ti o de mi? Y ¡lamerlo!. ¿Quién no ha cambiado ternura por dolor? Y no seguir abstemio. Un brindis con cunnilingus, otro por la abundancia de tamaños y sabores, uno más por tu pelvis de castañuelas y se repite. . . . Cuando el cuerpo pide el amor estorba, la dignidad estorba.
 

 


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