Delitos Carnales (2ª Parte)

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“Hay pecados cuya fascinación está más en el recuerdo, que en la comisión de ellos”.

Oscar Wilde.  

 

 

Une Nuit De La Bonté.

 

 

 

Une Nuit De La Bonté

 

Una profundidad le da la bienvenida al depredador en Spartacus. Su génesis camina con medias oscuras y  rasgadas, las paredes son golpeadas con música  estruendoza similar al sonido de los fuetes, bebí de eso que le ponen a las almas cuando buscan algo, aquí la luz ciega y embrutece, en su caminar diferentes olores se juntan y  forman la carne trémula.

Sobre penumbras los escalones acarician cada tobillo que sube y avanza, el recorrido es  casi dantesco, una vez en él, nada cabe mas que las circunstancias.  He llegado a esa boca grande y abierta tan similar al hambre que te aspira, te traga. Tus huellas sin saberlo  recorren otras huellas. En esta barca y en esta orilla  se  permite de todo, ¡se hace de todo!,  la osadía  también se  sonroja, tambien le tiemblan los colmillos al chacal.

La selva de figuras apenas emerge, va tomando su forma más convexa, es una masa voluptuosa, seductora, insitante. Un lado izquierdo jala de tu brazo, te toma,  te gira, te embiste a la pared que suda, que escama, te invita de su abrigo ¡inhalas! ¡exhalas!. Varios ojos caminan como gatos ciegos y te siguen, te buscan, te atrapan, juegan contigo. Otro brazo extraño  te toma una parte, una mano quita la otra, una pierna se entremezcla con varias, todo comienza en esta orgia.

Una boca camina y trepa en tus muslos, una más resbala y llega a tu entrepierna, otra abre un orificio y languideze en el.  ¡Comed y bebed todos de aqui que no existe otra noche con tanta bondad!  Unos minutos bastan y emergen burbujeantes  falos con tetas, culos dobles, glandes con forma de vagina, testiculos hermafroditas, anos con figura de pezón.

Todos gimen, sudan, se retuercen en su condena, el sonido de las palmas desgarrando la pared, pelvis carnívoras tragando culo, el festín de las lenguas.  En segundos todo se perfuma de  látex usado, sus olores  se pasean en jardines  perversos, decadentes. Nos acompañan la fealdad de las caras, la pose de la diva, los modos grotescos, la risa sarcástica, la elegancia de lo moral nada nos detiene.

El vaivén de las hormonas no es otra cosa que la invitación, mamas una boca,  muerdes una verga, follas silicon, chupas el aceite encarnado. Hombres sumisos se deslisan sobre gigantas semidesnudas y vulgares, en una esquina los anos escurren su placer, en otra las gargantas se atascan de fluidos, las carnes son paredes de profundos laberintos, las embisten él, aquel y ellos, todo es un carrusel de fantasías, una ruleta de placer.

Sobre   el purgatorio se recorren  mejor los infiernos, todos en el son felices, montados y en cuatro patas, comen y defecan en su mismo plato, salpican lo mejor de si. Todo marcha tan real, tan palpable hasta llegar al transparente  amanecer, con la luz del sol casi  todo termina o ¿apenas comienza?.

Toda lucidez requiere un compañero, toda perversión necesita un grupo, nada hay mejor que los pecados para las masas sedientas, no hay nada mejor que el amor cuando se carece de el.

zitadina@hotmail.com

 

 

 

 

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