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Zitadina

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                                   "No hacer el bien, ya es un mal muy grande".

Jean-Jaques Rousseau

 

 

 

Asesino

 

 

 

Machos en Tacones

 

La sociedad regula y estimula, a que todos sus actos sean la consecuencia de lo normal, y es cierto, todos entramos en ese círculo -todos somos normales- quien atraviesa esa barrera en consecuencia, debería estar muerto. Tan es así que los crímenes contra la gente LGBTTTIQ se han incrementado en este tiempo, donde los voceros de la iglesia han jugado un papel importante al proliferar la fobia hacia los otros, donde el núcleo familiar ha sido el primero en discriminar lo que procreó. ¿Quién nos defiende del Dios que nos creo?

 

He visto gente comerse su dignidad porque es lo único que tiene (me incluyo), he visto gente a la cual le han matado su dignidad porque es lo único que tiene (me incluyo), y nadie ganó nada con ello. El hecho de escribir esto para los iguales, a nadie le dice nada, porque sabemos que está por demás entendido y asimilado, pero lo cierto es que aún se siguen cometiendo crímenes en contra de las mujeres trans, sobre todo hacia aquellas que han alzado la voz para jactarse de ello.

 

Pareciera que es impensable que el asco se gesta desde el gusto, y esto lo escribo desde el punto vista donde la transexualidad es el platillo deseado por muchos al morbo de saber que se siente o a que sabe. Al probar sale mucho de lo que se tiene por dentro.

Nuestra huérfana sexualidad se ha tenido que formar desde las bases del Internet, pero poco nos quitan los traumas que de ello nos derivan, incluso en las escuelas públicas se ha tratado de prohibir que se toque el tema del sexo ya que eso es asunto total del sacrosanto hogar católico que en nada nos ayuda en los tiempos de violencia.

 

 

Gritarle ¡asesino! a aquel que cometió el crimen no devuelve la calma, el verdadero asesinato va disfrazado de la doble moral con la que me lees tú, que te dices heterosexual y que formas parte de las letras de nuestra sexualidad.

 

Matar los sentimientos de las personas solo por verlas como objeto de placer en nada contribuye al futuro de las próximas víctimas, tan es así que dudo que defiendas ese objeto de placer al llevarlo como tema a la mesa los domingos o los comentarios en la oficina donde es fácil hacerse el sordo. Uno se vuelve también asesino de aquello que no defiende. ¡Y sí!, sé que muchos se quedarán callados mientras otras tantas gritan con los pocos pulmones que les quedan.

 

En lo personal estoy fastidiada de merecerme el amor a escondidas, el respeto a escondidas, mi legalidad a escondidas, también lo que no se quiere se mata con indiferencia.

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